lunes, 25 de mayo de 2015

SOCIEDAD DE CONSUMIDORES

En la modernidad líquida, la sociedad de productores dio paso a la sociedad de consumidores, y no hay ya conciencia de clase ni espacio para la solidaridad. El individuo debe resolverse solo las necesidades que antes le cubría el Estado, y antes de él, la comunidad. La incertidumbre se cierne sobre los seres humanos en este ‘período de interregno’ en que lo viejo no sirve ya, pero lo nuevo no termina de nacer: agonizan los estados-nación, pero aún no se ha configurado una nueva comunidad global.
 
En la sociedad de consumidores, sólo nuestra capacidad de consumo nos salva de ser completamente desechables. El capitalismo lo ha transformado todo en mercancía: los trabajadores, la educación; hasta la moral. En la modernidad líquida, el olvido se impone con rapidez y no se comprende: se obedece. Nuestra modernidad impone su orden y progreso, medido en un crecimiento que se calcula en aumento de la producción material, y no de servicios como el ocio o la salud.
 
Se nos insta a ser egoístas y materialistas: es esencial para que la economía funcione. El sistema genera desperdicio –la basura es un concepto eminentemente moderno: en las economías campesinas todo se reciclaba-, no sólo material, también humano. Como los doce millones de refugiados que habitan el mundo; o ese ‘Otro’ –el inmigrante, el gitano- contra el que embisten los políticos en su búsqueda de chivos expiatorios y cortinas de humo.
 
¿Qué hacer, entonces? Tal vez, dice Bauman, la pregunta sea más bien quién puede hacerlo. El sociólogo no se deja caer en el pesimismo por imperativo moral: “El derrotismo y la desesperanza, aun cuando estén lógicamente justificados, son moralmente incorrectos”, pues nos condenarían al inmovilismo. Es momento, cree el autor, de asumir la falsedad del mito de que es posible un crecimiento ilimitado en un planeta de recursos finitos. Es momento de una ética de la responsabilidad incondicional que acabe con esta sensación de “responsabilidad de nadie” de que hablaba Hanna Arendt. Es momento de un despertar colectivo.

* Zygmunt Bauman, Esto no es un diario, Paidós, Buenos Aires, 2012.

 

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